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El Canon del Nuevo Testamento

LA FORMACIÓN DEL CANON DEL NUEVO TESTAMENTO

Unos de los argumentos más peregrinos que usa cierta religión "cristiana" tradicional y mayoritaria hoy en día para tratar de convencer a los cristianos evangélicos de la importancia de la tradición es el presentar la supuesta contradicción del "Sola Escritura" protestante con el hecho de que precisamente el Canon del Nuevo Testamento fue aprobado en diversos Concilios de dicha religión.

Sin embargo ya desde el siglo I la historia y los propios escritos neotestamentarios nos dan indicios más que suficientes para mostrarnos que no se necesitó el concurso de ningún concilio de los romanos para ratificar o canonizar nada que no hubiese sido ya ratificado y acordado por la mayoría de las iglesias y congregaciones ortodoxas desde el comienzo mismo del cristianismo. La definición y aceptación del Canon es un proceso histórico ayudado con el concurso del Espíritu Santo actuando en las Iglesias paleocristianas.

Así Jesús y sus seguidores, como buenos judíos que fueron, poseerían una colección de escritos del Antiguo Testamento que el mismo Señor cita con profusión en los textos Evangélicos (haciendo notar aquí que nunca cita ningún libro "deuterocanónico" y que cristianos evangélicos y judíos estamos de acuerdo con los libros que lo componen sin añadir dichos textos "deuterocanónicos" al Canon del Antiguo Testamento).

Posteriormente, en su misión evangelizadora por el mundo antiguo, los Apóstoles o sus ayudantes redactaron los textos Evangelicos en letra escrita como sustitutos de sus propias palabras, así como diversas cartas pastorales tratando un sinfín de asuntos y problemas que surgían en las diversas congregaciones que iban fundando.

Los propios Apóstoles dan categoría de "Escrituras" a dichos textos en lugares como 1ª de Timoteo 5:18 donde el apóstol, Pablo cita como escritura tanto un texto del Antiguo Testamento como una cita del Evangelio:

"Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla (Deuteronomio 25:4) y: Digno es el obrero de su salario (Lucas 10:7)"

...y en 2ª de Pedro 3: 15-16 donde el Apóstol Pedro nos dice de las cartas del Apóstol Pablo:

"Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición".

Vemos pues que este apóstol al decir "como también las otras Escrituras" pone a los textos de Pablo a la misma altura que los textos del Antiguo Testamento.

Es así que las diversas iglesias del siglo I estarían muy interesadas en sustituír la deseada presencia de los apóstoles por copias de esas Cartas y Evangelios redactados por ellos o por sus ayudantes. Más aún, era preferible, frente a movimientos que ponían el acento en manifestaciones carismáticas ciertamente descontroladas como los Montanistas, o frente a herejías que sostenían sus torcidas doctrinas basandose en una supuesta "tradición apostólica" conservada por ellos, el tener algo sólido, seguro y firme como era la misma doctrina Apostólica en textos que eran copiados y conservados con celo. Así frente a una profecía o una visión fluctuante de unos carismáticos montanistas, o frente a una supuesta "tradición apostólica" de unos herejes, era preferible consultar qué es lo que dice éste o aquél apóstol, depositario de las Palabras del Mismo Jesús.

Cuando leemos los textos más antiguos del cristianismo aparte del propio Nuevo testamento, como la Didaké, la Carta de Clemente a los Corintios o las Epístolas de Ignacio a las siete iglesias, vemos que están trufadas de citas tanto del Antiguo Testamento como de las Epistolas y Evangelios que nos han llegado hasta hoy como inspiradas poniendo ambas en el mismo nivel de canonicidad.

Afirma Ireneo de Lyón en el siglo II en su libro III del tratado "Contra las Herejías" (En latín Adversus Aereses) que los herejes acusan a las Escrituras con el siguiente argumento:

"Porque dicen ellos (los herejes)  que la verdad no ha sido trasnmitida por medio de las Escrituras, sino de viva voz".

Esto es, los herejes ponían sus propias tradiciones por encima de la Escritura, o bien como sucedió conMarción, crearon su propio Canon a la medida de sus ideas. Es por este tipo de argumentos que la Iglesia primitiva tuvo mucho celo en definir desde ya el siglo I y como vemos en el II, cuál eran las escrituras que debían ser aceptadas como inspiradas y norma de fe, y cuales no.

De este modo encontramos ya en el propio Ireneo un protocanon en su libro III del citado "Adversus Aereses" diciendo:

"Pues una vez resucitado de entre los muertos los revistió con la virtud del Espíritu Santo que vino de lo alto; ellos quedaron llenos de todo y recibieron «el perfecto conocimiento». Luego partieron hasta los confines de la tierra, a fin de llevar como Buena Nueva todos los bienes que Dios nos da, y para anunciar a todos los hombres la paz del cielo; tenían todos y cada uno el Evangelio de Dios. Mateo, que predicó a los Hebreos en su propia lengua, también puso por escrito el Evangelio, cuando Pedro y Pablo evangelizaban y fundaban la Iglesia. Una vez que éstos murieron, Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, también nos transmitió por escrito la predicación de Pedro. Igualmente Lucas, seguidor de Pablo, consignó en un libro «el Evangelio que éste predicaba». Por fin Juan, el discípulo del Señor «que se había recostado sobre su pecho», redactó el Evangelio cuando residía en Efeso".

Como vemos la iglesia primitiva ya en el siglo II definía como Evangelios los 4 que nos han llegado: Ireneo cita aquí a Mateo, Marcos, Lucas y Juan, Evangelios de los cuales su autenticidad y antiguedad ya solo los muy malintencionados o muy ignorantes dudan (al respecto, y para el lector no iniciado, recomiendo las obras del escritor, teólogo e historiador evangélico César Vidal) y no solo eso, el propio Ireneo rechaza a los que solo usan uno de ellos como por ejemplo los Ebionitas, que solo usaban Mateo y en su primera redacción en hebreo (posiblemente el famoso y misterioso "Evangelio de los Hebreos").

Las iglesias primitivas usaron como criterios de canonicidad los siguientes elementos:

1º Antiguedad: Los escritos debian haber sido escritos en tiempos cercanos a la época de Jesús y sus Apóstoles.
2º Apostólico: Los escritos deban haber sido escritos por un Apóstol (por ejemplo Pablo) o un compañero de los apóstoles (Por ejemplo Lucas, Marcos).
3º Católico: La palabra griega quiere decir "Universal", y se refiere aquí a que debía ser un texto de uso generalizado (universalmente aceptado) entre las iglesias.
4º Ortodoxo: El libro debía estar en armonía con el resto de textos Neotestamentarios.

A todo esto yo añado el obrar del Espíritu Santo en la Iglesia.

Es necesario decir así que no todos los textos que hoy tomamos como inspirados fueron aceptados inmediatamente por las diversas iglesias. Pensemos en las distancias y los medios de comunicación en el Imperio Romano. Una carta que era conocida en un extremo del mundo y leída durante decenios como de un apóstol, no era siquiera conocida por los cristianos e iglesias del otro lado del mediterraneo, que antes de tomarla como inspirada usaban de una gran prudencia. Por ello las listas de libros canónicos de los primeros siglos se escriben con grandísimas dosis de cuidado y tras no pocas discusiones.

El Canon Muratori:

La lista de textos canónicos más antigua que se conoce es de un autor anónimo y fue rescatada como un fragmento de papiro de una Biblioteca de Milán en 1740 por un estudioso llamado Ludovico Antonio Muratori. Se trata de una copia del siglo VIII en un latín malísimo de un texto original griego, que posiblemente data (y en esto hay discusión desde ya la época del sabio Muratori) del siglo II. La lista de libros que menciona es:

Los cuatro Evangelios
Hechos de los Apóstoles
Epístolas de Pablo (rechazando la apócrifa a los "Laodicenses")
Judas
Las dos cartas de Juan (no menciona cuales de las tres que nos han llegado).
Sabiduría de Salomón (que después sería descartado)
Apocalipsis de Juan
Apocalispsis de Pedro (Aquí menciona que este libro es rechazado en alguna de las iglesias -luego no cumple el precepto de universalidad- y después sería descartado)
El Pastor de Hermas (Como de lectura recomendada pero no inspirado al no cumplir el precepto de antiguedad).

Vemos pues que de los 27 libros del Nuevo Testamento solo deja fuera Hebreos (que por ejemplo sí es citado por Tertuliano en este mismo siglo II), Santiago, las dos epístolas de Pedro y una de las 3 epístolas de Juan. Como decimos esto probablemente fuera debido a que en la zona del Imperio donde se escribió la citada lista (probablemente Roma) no habían llegado o no se conocían aún esas cartas que si eran aceptadas por iglesias de otras regiones del Imperio.

El Canon en Tertuliano (s. III):

Los escritos de este gran escritor y teólogo de finales del s.II y principios del s.III (no admitido por Roma como "Santo" al haberse pasado al Montanismo) sí citan como Escrituras además de las ya citadas como hemos dicho arriba Hebreos (de quien dice que Bernabé fue el autor), 1ª de Pedro, 1ª de Juan, Judas y Apocalipsis.

El Canon en Eusebio (s.IV)

Al comienzo del s. IV había práctica unanimidad sobre qué libros debían ser aceptados como inspirados y de uso en las iglesias. Así no había ya problemas sobre los 4 Evangelios, Hechos, las 13 epístolas Paulinas, 1ª de Pedro y 1ª de Juan. Sobre las epístolas llamadas "Católicas" o "Universales" tampoco había muchos problemas; pero donde sí los hubo fue en la aceptación de Hebreos y el Apocalipsis de Juan.

Eusebio de Caserea declara en su Historia Eclesiástica que hay 4 categorías de libros:

1ª Libros "Reconocidos": Los 4 Evangelios. Hechos de los Apóstoles. Las 13 cartas de Pablo a la que él añade Hebreos que considera obra de Pablo. 1ª de Juan. 1ª de Pedro y como él mismo afirma "si en verdad parece correcto" el Apocalispsis de Juan, sobre el que afirma hay dudas en algunas iglesias.
2ª Libros "Disputados": Aquí introduce los que son aceptados como inspirados y canónicos por unos en unas regiones del Imperio y no por otros en otras regiones del imperio siempre dentro de las iglesias ortodoxas y apostólicas: Santiago. Judas. 2ª de Pedro y 2ª y 3ª de Juan.
3ª Libros "Espurios": Aquí introduce libros que se consideran no inspirados aunque pueden ser ortodoxos en su doctrina: Hechos de Pablo. El Pastor de Hermas. Apocalipsis de Pedro. Cartas de Bernabé. Didaché y el Evangelio de los Hebreos. Curiosamente vuelve a introducir aquí otra vez el Apocalipsis de Juan, que también ha metido entre los "disputados".
4ª Libros "Heréticos": Que él considera por la tradición y el uso entre las iglesias como no dignos de atención y alejados del uso apostólico, y que son falsificaciones heréticas: Evangelio de Pedro. Evangelio de Tomás. Evangelio de Matías. Hechos de Andrés y Hechos de Juan.

El Canon a finales del siglo IV

Tras muchas décadas de debates entre las diferentes iglesias y congregaciones paleocristianas, no será hasta el 367d.C. cuando Atanasio, obispo de Alejandría, escriba una carta donde menciona los 27 libros que hoy componen el Nuevo Testamento como definitivamente canónicos. En su carta cita los libros del Antiguo Testamento tal y como hoy componen el Canon Judío y Protestante. Y como hizo Lutero más de 1.000 años después, los "deuterocanónicos" los recomienda como literatura "devota" pero "no como autoridades canónicas". Inmediatamente refiere la lista de los 27 libros del Nuevo Testamento indicando que los tales son los "únicos donde las enseñanzas divinas son proclamadas. No añadáis ninguno a éstos; no prescindáis de ninguno".

Debemos decir pese a esto que durante un tiempo hubo iglesias netamente ortodoxas en doctrina que consideraron aún 2ª de Pedro como una falsificación y que siguieron considerando como apostólicas la Carta de Bernabé o "El Pastor de Hermas", u otras como las Cartas de Clemente y rechazando algunas aceptadas por otras iglesias como la ya mentada 2ª de Pedro o 2ª y 3ª de Juan.

Insisto en el hecho de la inmensidad del Imperio Romano y la rápida extensión del cristianismo, que hizo que unas cartas o libros que se conocían por ejemplo en la zona dominada por el Latín (Roma, Hispania, etc.) no se conociesen por ejemplo entre las congregaciones del norte de África. O que el estilo del griego usado en 1ª de Pedro fuese tan diferente al de 2ª de Pedro lo que llevó a confusión a algunas iglesias sin pensar en la posibilidad de dos secretarios del Apóstol Pedro escribiendo a sus órdenes en dos zonas del Imperio, en dos momentos diferentes, con estilos diferentes (imaginemos a un mismo apostol hoy en día pidiendo que le escriba una carta en español primero un argentino en Argentina y años después otra carta a un vasco en España: Los estilos resultantes serían tan diferentes que podrían hacer dudar a un catedrático de la lengua española un siglo después de que ambas fuesen del mismo apóstol).

Aún hoy en día iglesias como la Etíope añaden al Canon de 27 libros otros como la 1ª cartas de Clemente y la Didascalia.


Lo que sí podemos decir sin riesgo alguno a equivocarnos, es que el Canon del Nuevo Testamento no es resultado de ninguna proclamación oficial o de ningún concilio romano de siglos posteriores, sino el resultado de un amplio consenso, inspirado por el Espíritu Santo en la Iglesia, a lo largo de los 4 primeros siglos de la era cristiana entre las diversas congregaciones que componían la cristiandad, y que pretender usar este proceso como prueba de la infabilidad de los concilios romanos es un argumento muy peregrino.

Dios te bendiga,

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